Con sus aceitadas vueltas de tuerca sobre el tema del voyeurismo, Pedro Almodovar nos propuso en Kika, su film más cruel y provocativo, lo que es mucho decir- un juego de cámaras y teleobjetivos multiplicable hasta el infinito (Bartolome de Vedia sic).
En Kika, Almodóvar parece estar ausente, es decir, ese gran talento como director no pudo o no supo participar del filme. Así resultó una obra insulsa, exagerada, con una trama nula y un contenido superficial, las actuaciones "anónimas". Sólo la salva la dirección artística, todo ese mundo de color de Almodóvar y un muy buen montaje. No logra confidencias ni acercamientos con el espectador.





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